RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

17 oct. 2020

TELE NOVELA

 

Otra vez roto mi descanso a las cinco de la mañana; tras dos horas y media en la cama, el cuerpo o tal vez la mente, no se que me piden, pero el caso es que me desvelo totalmente.

Hoy me he acordado de Patricia, que me cuenta que a ella le pasa pero a las tres de la madrugada así que mirándolo así soy un afortunado dormilón.

Ayer me encontré en el descansillo del tercero con Marianela, está para comérsela, siempre correcta, super amable y con un humor que no hay día que no me haga reír. El caso es que la pobre tiene una mísera pensión que no se ni como es capaz de mantener ese estado de ánimo que para mí quisiera.

Le andaba yo contando que si quería le mandaba ya mismo una carta de recomendación a mi primo el Trampas que ocupa un puesto de relumbrón en el gobierno de los estados unidos y me suelta con ese tonillo tan simpático: -pero qué imaginación tiene usted don Marcial.

Igual es que no se creyó la historia de mi antigua vecina Bajar, que esa sí que ni pensión ni nada; una “mujer” con dos hijos viuda desde ni se sabe cuando, y con una hermana que está como una chota que no le da más que problemas y más problemas; y que es que encima es más mala que la tiña y siempre está pensando alguna diablura que no ha habido ser más malvado sobre la faz de la tierra.

Es normal que no se lo creyera, porque cuando le conté que con su madre, que se llamaba Letice no hacía muy buenas migas porque a la que quería más era a la mala, pues supongo yo que no le entraba en la cabeza que pudiera haber gente así; pero el caso es que ya ves, yo conocía una. Su padre harto de tanta injusticia se marcho a vivir con Bajar y sus dos hijos; dos niños encantadores por cierto, siempre sonrientes sin saber que en casa las pasaban putas para la manduca diaria y aquí la nota graciosa es que el mocoso estaba enamorado de una vecina a la que querían casar con un mafioso de poca monta.

Aún recuerdo yo (le dije) una vez que se les estropició el calentador y se tuvieron que bañar con un caldero de plástico de esos de los de la ropa, que al fin y al cabo es lo que hacían con nosotros de pequeños; pues no vea la de peripecias que tuvieron que pasar para poder arreglarlo.

Pero no se crea que la cosa queda aquí, porque un día vino la mala contando por el barrio que no, que el marido de la Bajar, pues que no, que no se había muerto, que se lo había tropezado por el barrio un día. Ye le he dicho lo malísima que era ¿verdad?. Pues eso. Y no crea que termina aquí la cosa, que va, que...

  • Don Marcial, que yo también tengo tele hombre.

No se; aún ando yo rumiando porqué diría lo de la tele. Quien sabe si sería eso lo que no me ha dejado dormir esta noche; porque me pongo a pensar y no caigo yo que me quiso decir con eso; además yo la tele ni la veo.