Me levanté a las siete menos cuarto como un clavo y con cierto ánimo no como si fuera un fin de semana, pero reconozco que mientras me miraba en el espejo, una ligera sonrisa se dibujaba en mi cara sin que yo pusiera nada de mi parte. Me espera un buen día me dije.
Tras un corto desayuno porque no encontraba el maletín por ninguna parte (me lo había dejado en el coche), partí para el curro con música de Blues y que arrancase el buga a la primera no hacía sino confirmar mis pensamientos iniciales de que hoy sería un buen día (no todos lo saben, pero esa palabreja (buga) viene de un empresario italiano que fabricaba unos cochazos que no eran para mileuristas como yo, los famosos Bugatti).
En fin, a lo que estábamos, cojo el carro y en la primera rotonda, ya me encuentro un lanzao que se me cuela y no me cede el paso estando a un tris de rozarme lo que me cabrea un poco, pero me digo que hoy es mi día y continuo hasta la siguiente rotonda que sorteo sin problemas; en la tercera el listo de turno que coge el carril interior, con las prisas no se da cuenta de que yo no salgo y me sacude un leñazo que me deja el lateral izquierdo completamente espachurrao. Se me ocurre decirle: “pero hombre ¿tanta prisa llevas? A lo que me contesta inmediatamente “ ¿a ver si te pego un par de hostias?
Afortunadamente no tengo que llamar a nadie porque la Guardia Civil estaba parada en la autovía de arriba y lo ve todo por lo que en menos de dos minutos se presentan en el lugar de los hechos. Se forma una cola de cuidado porque estamos obstruyendo los dos carriles, de modo que lo primero es mover los cacharros y luego papelear, que es como una lucha entre un boli y unas hojas.
A todo esto, veo que ya no llego al tajo y que la bronca que me va a caer va a ser de las de aúpa, pero no puedo hacer nada salvo cabrearme cada vez un poco más con este jilipuertas que de vez en cuando me echa miradas asesinas como si la culpa fuera mía por respetar las señales de tráfico.
Entre idas y venidas buscando los papeles, nos cruzamos y el mamón me escupe en la cara; juro por lo más sagrado que soy un hombre pacífico, pero por lo visto se me cruzaron los cables y le solté un codazo en la mandíbula no se si queriendo o sin querer, pero el caso es que el tío se espatarró contra el suelo y comenzó a chillar con que me quería denunciar, que si esto y que si lo otro y se armó allí la de san quintín, porque entre el “no sabes con quien te la juegas”, “estás muerto”, los mirones cada vez más numerosos y la Guardia tratando de controlar el percal yo ya no sabía donde meterme.
A todo esto en la tertulia de la radio, hablaban del miedo y de la ignorancia que nos hacen prisioneros de los prejuicios y de todo tipo de estereotipos, y yo pienso que este subnormal, por lo visto no tenía miedo a pegarse un trompazo y al final se pegó dos.
Terminamos el papeleo y el otro sigue con que se me ha caído el pelo y no se que más; le digo muy amablemente que se vaya a la mierda de una vez y me deje tranquilo mientras intento poner en marcha este cabrón de motor que me tiene ya frito. Así las cosas, lo que había comenzado como un día dabuten, se me estaba mudando a puñetero.
Hay días que mejor era no levantarse, que no le encuentras sentido a la vida hasta el punto de que hasta se me pasó por la cabeza tirarme al río que estaba a unos metros, pero afortunadamente me dí cuenta de que poco podía hacer (no cubriría ni medio metro) y entre eso y que Rebollo el frutero del barrio que me vio allí tirado y se ofreció a llevarme, pues desistí.
A todo esto los de la tertulia, ponen esa de “Hoy puede ser un gran día” y no puedo por menos que soltar en voz alta un “iros a tomar por el culo tú y el día”, y como lo digo mirando al coche que tiene la radio encendida, casi la liamos otra vez sin querer. Anda sube me dice Rebollo que ya viene mi cuñado a por el coche. Y yo que voy a hacer, pues subo.