RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

25 nov. 2011

La vida es sueño y los sueños, sueños son.



EL SUEÑO DE MI VIDA


Eran cerca de las diez de la mañana, teníamos el mar al lado, con unos barcos preciosos, y comenzaba a llegar algo de público.

Aunque no me jugaba nada, tenía nervios en el estómago y no estaba muy atento a las bromas de mis compañeros, pues yo sabía que mi trabajo era importante.

La prueba comenzó con un poco de retraso, todo el mundo estaba en su puesto, jueces, entrenadores, puestos de avituallamiento, y una gran aglomeración bajo la pancarta de salida de los 20 kms marcha, en la que salían juntos veteranos, senior y promesas; por supuesto yo estaba ya en mi puesto.

Comenzó la competición y parece que con el movimiento los músculos se pusieron a tono y me olvidé de los nervios para centrarme en mi trabajo, teníamos por delante seguramente como mínimo una hora y cuarenta minutos, así que había tiempo para ir captando detalles y sintiendo las primeras impresiones.

En el segundo kilómetro uno de los atletas que formaban parte de un tercer grupo de unas cinco unidades, soltó un juramento cuando el atleta que marchaba justo detrás le pisó la zapatilla, y le obligó a apartarse a un lado para atarla de nuevo.

Delante ya estaban algunos atletas de mucha calidad y los mejores en un grupo cabecero de unas siete u ocho unidades que se quedaron en cinco al llegar al kilómetro ocho.

Un juez le enseñó una tarjeta a otro atleta que se encontraba a unos treinta metros de mí; ese fue el momento en el que me dí cuenta de que estaba completamente relajado, como si la competición fuese algo ajeno a mí, estabamos ya por el kilómetro trece y cada vez me encontraba mejor.

Fue como un sueño, poco a poco fui pasando a un atleta tras otro y por el kilómetro diecisiete ya estaba dando alcance a los mejores, allí estaban Mikel y un atleta extranjero que no conocía; no me costó mucho pasarlos, así que me fui a por el resto, Corchete, Miguel Angel, Arcilla, Benjamín y Juanma, cuando me puse a la altura del murciano, no me lo podía creer; tengo que confesar que me daba algo de vergüenza adelantarles, pero cada uno tiene que hacer lo que tiene que hacer.

Solo me quedaba Paquillo, así que un pequeño esfuerzo suplementario y me permití el lujo de mantenerme un poco tras su estela, sabedor de que aunque quedaban menos de quinientos metros para meta tenía tiempo de sobra para pasarle.

Y así lo hice, fue una sensación extraordinaria, yo al lado del mejor marchador del mundo, volví la cabeza para mirarle por última vez y ya no se lo que pasó; solo oía ruidos, voces, mucho jaleo; en un principio pensé que era el público que me animaba, era una sensación extraña, dolorosa y placentera al mismo tiempo; cuando abrí los ojos todos estaban pendientes de mí; me dolía la cabeza, y sobre todo el hombro izquierdo, a pesar del terrible mareo que sentía, pude distinguir mi bicicleta a excasos metros de mí; entonces pude pensar con claridad y me pregunté si el parte de descalificación habría llegado a tiempo.