RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

17 feb. 2012

SUCESOS QUE NO SUCEDEN


SUCESOS QUE NO SUCEDEN

Salustiano es el único habitante de Sansecillo de Abarro, antes eran más habitantes, pero con el “bum” de la industria uno a uno se fueron marchando para la ciudad, hasta que se quedó solo.

Hay en el pueblo, un molino de más de dos siglos, que gracias a los cuidados del viejo, se mantiene en un excelente estado; incluso cada quince días muele grano para hacer pan y alguna otra cosilla.

No necesita mucho para sobrevivir, una pequeña huerta, un azadón, su viejo colchón de hojas de maíz, leña, agua y los animales que le dan algo de carne, leche, un poco de unto y cuero.

A veces se siente solo, pero el hombre es feliz, pues acepta su destino y se conforma con lo que tiene. De cuando en cuando pasan por el pueblo caminantes, que se tiran el día trepando y destrepando las montañas; a veces también alguno le da a la lengua y echa entonces de menos la petaca y el papel de liar, pero lo remedia con un trago de vino.

Un día, amaneció más temprano para Salustiano, pues a eso de las cinco de la madrugada, el ruido de unas cuantas máquinas, junto con las voces de los operarios le sacaron de la cama; nadie le había preguntado nada, no estaba avisado, se supone que Salustiano era además del único habitante, también el presidente del pueblo. Preguntó a unos y a otros pero nadie le supo decir nada; incluso con algunos no pudo entenderse porque hablaban un castellano un tanto raro; al final logró comprender que en un todo terreno blanco había un encargado que se lo podría explicar, de modo que para allá se fue, ya estaba a punto de llegar al vehículo cuando se escuchó un sonoro ¡pero que hace este hombre aquí! ¿alguien me puede explicar de donde ha salido?; y como todas las miradas se dirigieran hacia él; contestó:

-“Salustiano soy y en este pueblo vivo desde hace 87 años.

-¿Que?

A lo que una voz contestó: “que dice que vive aquí en el pueblo”.

    - Que tonterías son esas, aquí no vive nadie desde hace años; a ver venga para acá y explíqueme que es eso de que vive aquí.
- Pues no se que hay que explicar, que vivo aquí, y dígales a esos que salgan de mi huerto.

El hombre del coche blanco, sin hacer mucho caso y tras hojear varias veces una carpeta que previamente había pedido a uno con pinta de no haberse lavado en mucho tiempo, preguntó:

    -Vamos a ver, y ¿dice usted que vive aquí?
- Ya se lo he dicho nacido y criado aquí.

Mientras el hombre del coche blanco decidía que hacer, los de las máquinas seguían a lo suyo, de modo que en menos que canta un gallo, el único habitante de Sansecillo se había quedado sin casa, sin huerta y sin molino donde moler el pan.

Para cuando el alto responsable tras un “no me jodas” se dio cuenta del error; el único habitante de Sansecillo de Abarro, yacía, rodilla en tierra frente a la que había sido su casa, mientras una lágrima rebelde horadaba su rostro, su historia, y su vida.