RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

21 oct 2026

Qué bella es la vida

 


Dicen que el motor del capitalismo son la pobreza y la desigualdad, esta cuanto más acentuada mejor que mejor, ya que de los desiguales siempre se espera pelea con el afán de trepar a un estadio superior por miserable que sea y eso para la clase capitalista es perfecto, siempre que esas ínfulas, esas iniciativas no busquen jamás subir demasiado arriba.

Es el capitalismo alguien que construye con el afán de destruir haciendo especial hincapié en las clases inferiores, así van escalando de clase en clase hasta llegar al nivel elegido

Se encuentra ese capitalismo por encima de transnacionales o multinacionales que “tanto monta” siempre a la sombra, siempre a salvo dirigiendo los destinos de países, naciones y hasta este mundo “globalizado” que ahora conocemos e incluso alabamos repitiendo un mantra inoculado en nuestros cerebros con artificios varios que estos estamentos dominan a la perfección.

Este sistema, solamente se puede destruir si la base de la pirámide toma conciencia del porqué está donde está y donde debería estar.

Viene esta diatriba a cuento de una película que han echado en estos días cuyo título en Castellano es “DANZAD, DANZAD MALDITOS”; que describe una patética y muy realista sociedad donde los esclavos pelean dignamente en el mayor de los casos por alcanzar una mísera meta que para algunos desde su perspectiva y situación podría considerarse suculenta.

Así vemos como hay cierta semejanza entre ese mundo que en la película gira y gira sin éxito para estos pobres esforzados en busca de una meta ilusoria y temporal, jamás perenne, nunca definitiva y la sociedad actual con los cambios de vida y moda que todos más o menos conocemos.

El público parece divertirse con el podríamos tildar sin duda de dramático sufrimiento de los participantes con una irrefrenable atracción por lo desagradable, tal vez para contrarrestar sus patéticas vidas; y a muchos nos duele ver esas escenas que no son de la película sino de la vida real.

Y ahí está la clave, siempre en los que miran sin opinar, en los que participan sin pensar, en los que aplauden las lágrimas de los demás como si estuviera establecido que el mundo siempre debería ser así; un “pan y circo” antiguo pero vigente.

Cero empatía, cero en generosidad, cero en conducta social podríamos decir con sus semejantes en esta sinfonía donde no hay armonía, y donde cada instrumento toca notas diferentes; un guirigay que le va muy bien a los que llevan siglos desordenando el mundo.

Así nos va, y peor nos irá.