RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

16 may 2016

LA CIUDAD ETERNA

CAMPEONATO DEL MUNDO POR NACIONES DE MARCHA ATLÉTICA.

Sobre un destartalado asfalto, se celebró el Campeonato del Mundo por naciones de marcha atlética en Roma, y por lo que parece, los resultados fueron bastantes mejores que los cosechados en eso de Eurovisión.


































































20 abr 2016

KHALED VERSUS FÁTIMA




Khaled, era el menor de siete hermanos de una familia acaudalada. Los placeres de la vida no le eran ajenos en absoluto, pues tenía todo lo que cualquiera de su edad desearía tener. Desde la niñez tuvo profesores particulares de francés, inglés, matemáticas, así como geografía e historia universal que era su asignatura favorita.

Poco podía imaginar el “pobre” Khaled que su vida iba a dar un giro inesperado casi de la noche a la mañana. Una madrugada percibió sin que nadie le dijese nada en absoluto que el aire no se respiraba de la misma forma que la noche anterior. No sabría muy bien explicarlo, pero las criadas parecían nerviosas, las sonrisas parecían forzadas, incluso la fruta aparecía sobre el mostrador aún sin trocear.

Una potencia extranjera había invadido su país, al parecer, para instaurar la democracia.

Los días que siguieron fueron un frenético ir y venir que parecía poner los nervios de punta al más tranquilo. Muy pronto comenzaron a caer las bombas por las calles y hasta las casas se propagaba un olor desagradable al tiempo que todo se llenaba de un polvo que nadie sabría decir por donde se colaba.

Al amanecer del octavo día, como por arte de magia, Ghada, su criada personal le comunicó que no había vuelto a saber nada de sus padres y que tendrían que irse a vivir a su casa.

Abandonar todos los lujos no fue lo peor para Khaled, pues a ciertas edades uno es capaz de acostumbrarse casi a cualquier cosa; lo peor fue que el marido de Ghada no le permitió entrar en casa y el recuerdo de la criada sujeta por su señor mientras derramaba millones de lágrimas la perseguiría al menos durante varias horas.

Al décimo día tras la vuelta a su casa, un terrible estruendo le despertó con tal violencia que al abrir los ojos se percató de que se encontraba en plena calle rodeado de escombros y con un fuerte dolor en una rodilla, y gran cantidad de sangre que no sabía de donde salía.

Tras perder el conocimiento, fue trasladado a un hospital por alguna de las muchas almas caritativas que siempre surgen en las guerras, una vez curado de sus heridas, con su casa echa escombros y sin saber que hacer, vagó por la ciudad como un perro vagabundo buscando restos de comida y algún sitio donde guarecerse sin conseguir nunca satisfacción ni con una cosa ni con la otra.

Es Khaled ya un adulto solitario de nueve años que ha conseguido escapar de los horrores de la guerra. Gracias a un talento innato para la supervivencia, ha desembarcado en una isla lejana y vive estos días en una tienda que rezuma humedad por todos los costados; aún así es casi feliz porque tiene donde dormir y algo para comer.

Khaled sufre con el dolor de sus compañeros y le llaman mucho la atención esas cuchillas de afeitar que están sujetas a las vallas metálicas que delimitan el campamento, también le resulta chocante la violencia de los policías al otro lado; sin embargo hay algo que aún le choca más. Todas las noches se pregunta porqué tras su paso por el hospital, las enfermeras la siguieron tratando como un chico, tras descubrir primero que no era chico, sino chica y que su verdadero nombre no era Khaled, sino Fátima.

11 abr 2016

T E R A P I A.


La palabra terapia, como otras tantas procede del griego y significa “curación”.

La vida a veces se empeña en estrujarnos, en ponernos contra la pared. En la gran mayoría de los casos, de nosotros dependerá que nos aplaste o que aunque con alguna herida, seamos capaces de repeler el ataque.

Esta sociedad está plagada de problemas de ansiedad, acompañada de trastornos diversos como mareos, disminución de la vitalidad, inestabilidad, miedo, claustrofobia, falta de energía, es decir, interferencias en el funcionamiento normal del cuerpo humano.

En realidad, son “toques necesarios”, reclamaciones dirigidas contra los individuos que apartan sin darse cuenta las manos del timón. Es una llamada de atención también para quienes llevando mucho tiempo preocupándose de los demás se han olvidado de su propia existencia. 

Cuando te percatas que la vida no es lo que quieres sino lo que viene, cuando asumes que no se puede nada contra ciertas circunstancias y que continuar deprimido no produce beneficios; estás en condiciones de dar el primer paso, que es aceptarte a ti mismo para a continuación percibir la realidad con todo lo que hay en ella de grato o de desagradable.

Llega un momento cuando vas sumando vivencias negativas que el cerebro le dedica tanta atención a los disgustos, que se olvida de cuáles son las órdenes principales para que todo funcione correctamente. En principio hemos forzado al sistema nervioso central a actuar en contra de su voluntad, puesto que lo suyo es coordinar con efectividad; pero llega un momento en que este se revela y es cuando aparecen ciertas conductas o situaciones poco habituales, y o bien nos duele donde no nos había dolido nunca, o nos aparecen síntomas de otras enfermedades que a la hora del diagnóstico médico no se sostienen porque en realidad no existen en el cuerpo físico, sino solo en plano mental.

Creemos que el mundo es inmenso porque no nos damos cuenta de que nosotros somos el mundo; de modo que cuando sentimos que se nos cae encima, en realidad ocurre que nos estamos alejando de esa atracción que ejerce el centro de gravedad y podemos terminar vagando por los confines del planeta sin capacidad de maniobra. Antes de llegar a ese punto debemos cambiar y para eso siempre hay que dar un primer paso, que en general es reconocer donde deberíamos estar ubicados.

El dolor no es para siempre, y durante nuestra vida estamos sujetos a muchos cambios. Nada es eterno, y menos nuestros peores momentos, que por mucho que se alarguen en el tiempo, si sabemos gestionarlos nos convertirán en personas más enteras, más fuertes y capaces.

Cuando se manifiesta en nosotros un desequilibrio, ya sea físico o emocional, hay que procurar cambiar de actitud cuanto antes y pasar del lado negativo al positivo, la queja aunque sea en silencio no es la solución, más bien al contrario, el disgusto, el enfado siempre nos hunden más en las arenas movedizas de la depresión; por el contrario la acción siempre nos proporciona recursos para salir de ella.

A lo largo del día maniobramos automáticamente sin darnos cuenta de lo que hacemos, lo que no nos proporciona ninguna alegría, es por eso que la cuestión más importante es vivir el MOMENTO, el AHORA, el YA, de modo que si estamos comiendo, comemos, no estamos pensando en si mañana va a llover; si estamos mirando por la ventana, simplemente miramos y nuestra mente y nuestros pensamientos están en eso que vemos, no en lo que nos imaginamos que podemos ver o en lo que vimos ni en lo que veremos dentro de un par de días.

Vivir el momento implica no solo disfrutar de cada segundo, también es sentir dolor, temer por la salud de nuestros seres queridos, asumir que la muerte nos llega a todos sin avisar; pero sobre todo cobra su mayor sentido cuando a pesar de todos los acontecimientos adversos, somos conscientes de que el tren de la vida no parará en ninguna estación. 

26 mar 2016

TIEMPO MUERTO


Ayer noche tomé café de puchero por partida doble, primero tras la cena con unos amigos, y horas más tarde en el exterior de una cafetería; un agradable rincón de unas de esas calles habitualmente bulliciosas hasta las tantas, pero que curiosamente durante nuestra estancia se convirtió en lo que podríamos denominar un conjunto de calles muy poco transitadas.

Cada uno tenemos nuestras manías, y mi cuerpo también tiene las suyas, una de las cuales es que si le das café durante esas horas en las que tiempo atrás se tocaban serenatas, se revela, entra en estado de agitación y para cuando buscas la horizontalidad te quedas a dos velas, solo que en vez de quedarte sin blanca, te quedas en blanco, sin sueños, vamos que no pegas ojo.

Te dan las cuatro y las seis y sabes que no hay nada que hacer, de modo que o bien eliges quedarte donde estás hasta que veas clarear el día, o te levantas a leer o a buscar cualquier otro entretenimiento. Seguramente a muchas personas les resultará molesto, y no digo nada si se da el caso de que a la mañana siguiente toca trabajar; pero en mi caso he adquirido con el paso de los años ciertas habilidades que me permiten continuar al día siguiente como si tal cosa.

Pero hay algo que si me sucede a menudo y cualquiera pensará con razón que tiene su lógica, me da por cavilar sobre cualquier cosa, y ayer esa cosa son dos palabras: “punto muerto”.

Me dije, bien, seguramente habrá algún significado más que le podamos atribuir a estas dos palabrejas que el típico descanso durante un partido de baloncesto; y recordé entonces que había oído hablar mucho tiempo atrás de unas listas negras que el gobierno Argentino manejó en relación con una serie de jugadores de baloncesto en aquella época denominado Basquet (Minivasquet le llamábamos los pequeñajos) y que todo ello ocurrió precisamente tras haber ganado un mundial en el año 1950 una época en la que los destinos del país estaban en manos de Eva y Perón y resurgía una figura relacionada con el mundo del automovilismo de nombre Juan Manuel más conocido como Fangio.

Nunca supe realmente que había pasado y en mi memoria quedó grabada la traición y relación de esta especie de purga con un cambio de gobierno acusaciones de profesionalismo respecto a aquellos jugadores y un coche que confieso no tengo idea de donde salió donde terminó, ni qué pintaba en esta historia.


Es lo que tiene esto de la muerte súbita, (perdón que me he colado quería decir “tiempo muerto”); que durante las horas muertas la actividad natural desaparece y da paso a otro tipo de actividades o a ninguna, porque lo mismo hay quien las dedica a restaurar las vidrieras de una catedral, que otro se las pasa tumbado en la hamaca divinamente; el caso es que te da la posibilidad de pensar en cosas a veces insignificantes que terminan por traer a la memoria viejos recuerdos como este del equipo argentino que llegó a lo más alto que tal vez podía llegar para encontrarse a continuación con el abismo por el que se precipitaron seguramente las ilusiones de muchos argentinos; es decir la muerte súbita que es precisamente de lo que no queríamos hablar.  

29 feb 2016

LO TUYO NO ES MÍO.



Leyendo varios artículos este fin de semana me ha llamado poderosamente la atención uno de Sofía Pérez Mendoza, en el que habla de algunas de las muchas mujeres que forman parte de esa historia que se escribe con tinta invisible; dice en uno de los párrafos lo siguiente: “¿Cómo no supe verlo”. "No nos habíamos fijado en algo tan obvio como que en la lista de artistas de la generación del 27 no había ni una sola mujer".

En una interesante tarea de arqueología de cierta cultura de una época concreta, trata Sofía Pérez Mendoza de darle la vuelta a una situación que se viene repitiendo desde tiempos pasados, solo alumbra hechos, sin revanchismos ni otras medidas ampulosas o decadentes, trata en mi opinión simplemente de poner puntos y comas a un texto con muchas ausencias y defectos.

Tras leer algo tan obvio, he caído en la cuenta de que mis sentimientos han sido similares a los de la autora, y me he dicho: anda pues es cierto, en aquella época hubo mujeres sobresalientes de las que nadie recuerda más allá de un par.

Eso me trajo a la memoria otro artículo sobre el acoso en los laboratorios, y alguno leído tiempo atrás sobre el robo sibilino de descubrimientos por parte de algún genio de la bajeza que se autoatribuyó hallazgos de sus colegas femeninas, que a día de hoy siguen siendo descubridoras en la penumbra. 

No podemos negar y me refiero ahora a los hombres, que tenemos una deuda de honor para con las mujeres en general y con algunos casos más sobresalientes en particular; de modo que hagamos trizas el pedestal y coloquémonos todos a la misma altura. 

Hacer el vacío, no es el mejor método para mejorar nuestro paso por la vida, pero desde luego que si lo repetimos una y otra vez hasta convertirlo en norma, finalmente lo convertiremos en un verdadero lastre, un problema de complicada solución que a muchos les obligará a fingir que van por la vida con la cabeza alta cuando saben muy bien que es pura pose.

Ya va siendo hora de que dejemos de observar detenidamente el envoltorio para mirar el contenido, que es donde siempre está la esencia de las cosas; de ese modo romperemos de una vez por todas con los problemas que para algunos se generan a la vista de una piel oscura, una extraordinaria nariz, o por poner un ejemplo más directo, a la vista de un  par de tetas.

21 feb 2016

EDUCANDO



Podrías  ir tranquilamente por la calle y encontrarte en cualquier esquina, de repente con un pobre, un ciego, un negro o un cura y seguir camino como si nada. Claro que si en tu educación ha habido alguna tara importante, tal vez le pongas la zancadilla al que crees que odias, al que crees que envidias o al que más rabia te de en ese instante.

Tal vez nuestro protagonista, recuerde aquél día en su niñez, cuando su padre se jugó la nómina y para cuando llegó a casa; el sueldo se había convertido en un “un décimo para hoy”. Por supuesto no tocó y el resto de mes, pasaron grandes penurias por culpa de un vendedor del cupón, que como repetía una y otra vez su papi, le dio aposta el peor número que tenía, desde entonces se le quedó grabado a fuego aquél paternal consejo: “Hijo, nunca te fíes de un ciego”.

El tiempo va pasando y nuestro amigo va adquiriendo nuevas experiencias; unos años después por no se sabe qué medidas igualitarias metieron en la empresa un compañero que tenía media pata de palo,  al parecer, más listo que el hambre y con tan mala leche que hasta que no dejó en evidencia a su padre que todo hay que decirlo, atravesaba una mala racha con el juego, no paró, y claro, como consecuencia a su papi, le echaron del trabajo. Esta vez el consejo paternal fue el siguiente: “Hijo nunca te fíes de un cojo”.

Por culpa de la nueva situación, al juego se unió la bebida y a esta ciertas tiranteces con su madre, a la que el patriarca “abanicaba” cada vez más con más saña, lo que derivó en una dolorosa separación y otro paternal consejo: “Hijo jamás te fíes de las mujeres”.

Como quiera que la cosa no mejoraba, terminó compartiendo puente con un dominicano de tez oscura, un tipo  por lo visto mal encarado que cada noche, le desplazaba  los cartones de su sitio y al que casi termina matando a patadas por culpa de un vino peleón.

Cuando nuestro protagonista fue un día de visita a la cárcel, recibió el último consejo de su padre: “Hijo mío, no todos los ciegos o los cojos engañan, no desconfíes de todas las mujeres ni odies a nadie por el color de la piel. No obstante, hay algo que si te puedo asegurar,  “Nunca aceptes consejos de quien se juega el dinero, y menos aún si el poco que le queda se lo bebe.”

13 feb 2016

JUICIO


Poco contacto con la cultura tienen quienes juzgan tomando decisiones que parecen provenir más de las vísceras que del cerebro.

Algunos de estos indivíduos, parecen estar encadenados al pasado, pues parecen pensar más en términos de épocas dictatoriales, que en entornos democráticos; no es de extrañar por lo tanto, que nieguen castigo a aquellos que se dedican desde los orígenes de los tiempos a infundir patrañas que en algunos casos han llegado a provocar atentados mortales de crédulos convenienemente radicalizados.

Cuando algunos señores juzgan por bulerias sobre asuntos relacionados con el terror local que un día padecimos; pienso en ese otro terrorismo, el económico, que ha provocado aún más muertes consecuencia de la tortura diaria a la que se ven sometidos los no trabajadores, los sin vivienda, o los sin comida y sin futuro; pienso también en la prolongación de ese terrorismo asesino que sufren demasiadas mujeres en nuestro país (una sola ya sería demasiado); un terrorismo en el que ningún gobierno hasta la fecha ha querido profundizar en busca de las verdaderas raices que siguen habitando en lo más profundo de nuestro pasado.

Cuando algunos juzgan temas culturales, deben pensar más en términos de partido que de judicatura; solo así se entiende el encarcelamiento de personas que se limitan a exponer sus ideas, o sus títeres, sin que ello signifique buscar asesinatos o actos contra la población; que al fin y al cabo es mucho menos de lo que hace cualquier ciudadano corriente en cualquier tertulia a la hora del café cuando despotrica contra el gobierno.

Visto desde una perspectiva de futuro, la historia nos denominará seguramente retrógrados por estos actos que no tienen ningún sentido en pleno siglo XXI, salvo el ciego y estúpido revanchismo político que busca puertas de escape donde solo hay muros.

Desde una perspectiva cultural, no se entenderá que hayamos dilapilado miles de millones fabricando y vendiendo armas que matan, sin haberle dedicado un solo céntimo al sistema educativo; el único capaz capaz de resolver las miserias de este mundo que habitamos cuando el aprendizaje abarca todos los aspectos intrínsecos al ser humano.

Es comprensible que algunas personas se ofendan con lo que observan, pero también se ofuscan cuando ven en la tele a alguien que no representa sus ideales políticos, o se mosquean con el árbitro cuando pita en contra y le ponen junto a su madre a bajar de un asno; incluso alguno suelta esa frase de "había que matarlo"; la misma que escuchaba yo en mi casa cuando preparaba alguna trastada subida de tono "a este hijo mío un día lo mato", afortunadamente todo quedó en una simple frase sin más consecuencias, la prueba es que aún ando por aquí.

4 feb 2016

¡DESCARGUEN!



Fluir, dejarse mecer por el agua del arroyo, no ofrecer resistencia, empaparse hacer amistad, respetar, respirar, relajarse, concentrarse, VIVIR.

Minimizar el esfuerzo mediante la ADAPTACIÓN al lugar y circunstancias del momento; controlar las interferencias físicas y mentales que surjan, (sobre todo las ajenas).

El que se pelea con su cuerpo, con el terreno, las condiciones climatológicas, o con cualquier otra situación dentro o fuera de carrera, siempre lleva las de perder. Hay mantener una conversación fluida y constante consigo mismo a través de todos sus segmentos físicos y síquicos, para mediante el acuerdo buscar las correcciones necesarias y por tanto el equilibrio entre todos ellos para que cada uno intervenga cuando debe. Esa compensación nos permitirá realizar el mínimo gasto posible y con ello conseguir el máximo disfrute. 

Con la práctica ese susurro se realizará automáticamente, como cuando comienzas a dominar una lengua nueva y ya no necesitas realizar mentalmente una traducción previa de lo que vas a decir.

La respiración y la relajación, son medios necesarios, el uno sin el otro no funcionan; cuando nos asustamos, incluso cuando nos amenaza un temor imaginario, el pulso se acelera al igual que la respiración e inmediatamente el cuerpo se tensa perdiendo entonces el control tanto de uno como del otro. La relajación tiene consecuencias beneficiosas alucinantes, que influyen en la parte física. 

Vamos a tratar de explicar esto último: Si tensamos mucho un músculo (por ejemplo una pierna al apoyar en el suelo), se producirá una rigidez, mayor cuanto más grande sea la tensión; la reacción de ese músculo en cuanto al “rebote” será parecida a tirar contra el suelo un palo de madera. Al momento del contacto todos los haces de músculos estarán prácticamente formando una piña con lo que la respuesta en sentido contrario será mínima y descontrolada; si por el contrario ese músculo estuviera lo suficientemente relajado se produciría un efecto muelle en el mejor de los sentidos y la respuesta (principio de acción reacción), sería enorme al tiempo que el desgaste mínimo.

El miedo que no deja de ser una respuesta saludable; cuando nos domina provoca tensión, la respiración se complica y la tirantez se dispara, de modo que mientras por un lado disminuye el aporte de oxígeno tan necesario, esa constante rigidez provoca un cansancio excesivo lo que a su vez dispara el gasto energético.

Mientras  la tensión te aleja poco a poco de tu objetivo, la relajación te permite vivir el momento, el ahora; y sin notarlo, una fuerza invisible te hace visible el camino.

Un corredor jamás debe convertirse en una “olla a presión”; más bien al contrario, debe convertirse en el pájaro que se deja mecer por el viento que le ayuda a llegar antes al punto deseado, disfrutando durante ese viaje del suelo que pisa, del paisaje y sus habitantes hasta el punto de generar un gran sentimiento de afecto con el entorno.

El corredor debe cultivar hasta su dominio la concentración y a través de ella surgirá sin pedirlo la necesaria relajación que le permitirá ser más fuerte al sufrir un menor desgaste al tiempo que más potente al tener su mente alejada de pensamientos que suelen convertirse en distracciones, en obstáculos.

Cuando el corredor está en presente, ya no habrá lugar para pensamientos del tipo “voy a pillar a ese” o “este tío me quiere pasar”; el resto de corredores pasará simplemente a formar parte de la unidad y dejarás de mirarles con temor para observarles con respeto sin importarte su calidad ni la tuya, puesto que habrás descubierto que no son tan diferentes del árbol que acabas de dejar atrás, ni de la nube que tienes sobre tu cabeza.

Dominar la mente no es fácil pero tampoco una tarea imposible; por lo general nos dejamos llevar de nuestro subconsciente y ello nos convierte en sus esclavos, por lo tanto convirtámonos en nuestros dueños y aprendamos a dar las órdenes adecuadas para que sea el subconsciente el que esté a nuestro servicio.

2 feb 2016

DIVIDE ET IMPERA


Dionisio, era un buen hombre; no había tenido una vida fácil; de hecho había sufrido muchas calamidades que le podían haber llevado a odiar el mundo, sin embargo, su conciencia social y emocional no le permitía dejar pasar de largo las injusticias de ningún modo.

Con el tiempo y muchísimas horas de duro trabajo, se hizo con un pequeño capital que tras su jubilación le hubiera permitido vivir holgadamente, pero su moralidad como ya he dicho, le impedía vivir el resto de sus días sentado cómodamente en un sillón, viendo como algunos de sus vecinos pasaban dificultades para llenar un miserable puchero al día, de modo que a la chita callando, ayudaba como podía.

En su casa, no había aparatos eléctricos, más allá de una vieja radio, herencia de familia, que encendía de vez en cuando, más por honrar a sus padres que por el gusto de escuchar lo que en ella se programaba.

No necesitaba Dionisio mucho para vivir feliz, sus años de penurias le habían enseñado a conformarse con poco, y ahora que podía, no le salía derrochar; de modo que una parte del dinero que recibía, iba engrosando poco a poco su hacienda y otra mermando por el asunto de las ayudas.

Solía entretenerse tallando madera con  una pequeña navaja que le habían traído de Albacete, a la que dicho sea de paso,  ya poca vida le quedaba; pues en algunos sitios, más parecía alfiler que cuchillo. No obstante, nuestro protagonista en cierto modo sí que tenía algún vicio, que no era otro que alargar la vida de cualquier utensilio que llegase a sus manos.

Al atardecer solía dar largos paseos por la orilla del río, y de vez en cuando, cuando el agua no estaba demasiado fría; sentado en una pequeña peña, ponía los pies a remojo y con los restos de su preciado acero, hacía desaparecer alguna de las durezas que durante toda su vida le habían dado guerra; sobre todo en el pié izquierdo, que tal vez, por mayor desgaste de cadera de ese lado, era el que soportaba más peso.

En uno de esos paseos, conoció a Remigio el carpintero, con el que nunca había coincidido, ya que este, solía salir siempre de madrugada, salvo aquél día y luego, otros posteriores, ya que a raíz de la amistad, hicieron coincidir las salidas alternando los horarios para no perjudicarse, y de ahí surgió el proyecto.

Era Remigio en lo que se refiere a su pasado, la antítesis de Dionisio, (es decir, que todo lo contrario, lo opuesto), pues aunque su padre era dueño de las mejores propiedades, aumentó su capital tras su matrimonio, con lo que en ese aspecto, nunca había vivido ni de lejos las penurias de su tan reciente amigo, salvo la amargura que a ambos les había reportado la viudedad.

Había elegido la carpintería como medio de matar el rato, y aunque como se ha dicho, no tuviera necesidad alguna, y a pesar de contar con una edad considerable, aún recibía con gran placer encargos de vez en cuando.

No deja de ser ciertamente curioso, que dos hombres con una vida tan desigual, coincidieran en tantos aspectos, como para labrarse una verdadera amistad, que a día de hoy aún perdura.

Pues dicho y hecho, como quiera que de ninguno de los dos era muy entusiasta del modo en que el regidor (Verónides se llamaba) abusara de los asuntos del pueblo, se metieron en política con la intención de enviarle a la oposición. En pocos meses eran las elecciones y o bien por su buena campaña, bien por la publicidad que consiguieron gracias a los dineros de Remigio, o porque ambos fueran muy bien vistos en la localidad, ganaron de calle.

Ahora que las cosas habían llegado a este punto, ni uno ni otro quería ser Alcalde, de modo que lo echaron a suertes y a uno le tocó la alcaldía y al otro la secretaría. Tocaba poner en práctica las ideas, y mover los dineros, de modo que pusieron en marcha toda una batería de buenas intenciones. 

En mala hora repetía el uno, ni muerto se me vuelve a ocurrir rumiaba el otro.

La primera medida ya estaba bien meditada; agua corriente para todo el pueblo; pero que si a mí nada me cuesta, que la Maruja buenos calderos que me trae del río, que si a ver por qué le vais a pagar esos duros al Rogelio por el pozo y para colmo en su finca, que si a ver si gastamos los billetes y luego no sale o que si sale a lo más no vale; el caso es que tanto el Alcalde como el Secretario se volvieron a sus quehaceres con gran placer de Verónides que supo jugar astutamente sus bazas con solamente dos artimañas, una la del  “más vale lo viejo conocido…”, y la otra esa que dice: “divide y vencerás”. 

23 ene 2016

SENSIBLEROS




Imagínese usted un hombre llorando en la estación, recostada la barbilla sobre el pecho, con los ojos fijos en el suelo, mientras en la ventanilla de un tren, una joven, callada, muda, melancólica y triste estalla en lágrimas y estampa sus labios contra el frío cristal al tiempo que inexplicablemente su corazón salta de alegría, para luego quedar congelado, casi muerto, pues tras la primera impresión alcanza a comprender cuán grande es la pena del hombre que ha llegado con el tiempo justo para despedirla.

Tras ese simple vistazo, una explosión de amor invade la estación; el hombre levanta el rostro lentamente, hasta que sus ojos se cruzan en una mirada ciega, fugaz pero infinita, estallando de repente, toda la pasión del mundo en sus corazones.

Algunos miran la escena con morbosa curiosidad, otros con gran pena, mientras los demás recuerdan su propio pasado dolidos con la vida, sedientos de justicia y de emociones pasadas.

El hombre sonríe con una mueca rayana a la estupidez; la mujer ni siquiera lo logra, su corazón a punto ya de partirse en pedazos implora una tregua imposible mientras ensaya una sonrisa amplia y verdadera, pero los labios y el resto de su cuerpo se niegan, aunque en sus ojos ¡lo juro!, hay un poso de alegría, tal vez de esperanza porque durante la comunicación invisible que mantiene con aquél espectro, ha constatado que ya jamás viajará sola.

El hombre por su parte, agoniza náufrago de la indecisión, al tiempo que un grito desde lo más profundo pugna por salir a la vida, dilatándose en el tiempo, mientras el tren huye con su amada...

-Pues no sé qué decir; ¿tú crees que la gente pensará esas cosas?.

-Estoy convencido Don Manuel.

-Están chalaos. Venga, vale, pero aparte del 3% me tienes que hacer otra estatua igual, pero más pequeña para la finca, que nunca se sabe lo que puede llegar a valer esto, y no te preocupes que ya te compensaré.

-Lo que usted diga Sr. Alcalde.