RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

31 may 2026

 

 

La cama estaba vacía, cierto desasosiego se instalaba en mi estómago desde que me negué a darle la razón- La dejé partir sin meditarlo ni un solo instante espoleado por un mínimo instante de rabia. Aún me creo con la razón, pero ¿de qué le sirve a uno creerse en posesión de la verdad cuando sufre?.


Hubo días felices, hubo días de distracción, de alegrías y de enamoramiento, pero no todo dura eternamente y tal vez fue precisamente ese “querer quitarnos la razón” lo que nos fue contaminando poco a poco hasta el alejamiento definitivo.


Hubo días de fuego, días de miradas limpias y de besos inmensos e intensos, hubo también guiños cómplices, y esa extraña telepatía que no se si surge del amor, pero ahí está en numerosas ocasiones; hubo por supuesto tiras y aflojas, pero siempre desde el cariño, nunca desde el resquemor, el odio e incluso a veces diría que desde ese abismo donde se roza la venganza.


Un día la vi con un amigo en circunstancias que a cualquiera le harían pensar que ahí había algo más que amistad; ya me lo habían advertido, pero lo consideré un rumor absurdo hasta que lo pude comprobar por mí mismo. Hablé con el, no sin una gran tensión por ambas partes y me confesó que efectivamente hacía año y medio más o menos que mantenían una relación a veces intensa; me pidió perdón repetidas veces como un autómata, pero nunca me dijo que eso se hubiera terminado.


Por supuesto ya en casa medité largo y tendido y desde la calma quebrada por el presente y por su presencia, no pude reprimirme y salieron gestos y palabras de ira, de rabia, de dolor, de ese ego irascible que nos maneja a su antojo cuando perdemos la capacidad de decidir desde la calma y sobre todo desde el amor que yo al menos aún sentía por Clara.


No se qué efecto produjo mi actuación en ella, pero sin mediar más de dos o tres palabras, cogió algo de ropa y algunos efectos personales y se fue sin mediar más palabras.


Quedé derrotado y mi ego resentido por esa parte de macho que todos atesoramos en algún rincón; me dio a entender, que “mejor así”. Pero no, no era mejor para mí, era peor, no podía soportar su ausencia en nuestro hogar y lo que es peor, no podía ejercer mi oficio más que en un pequeño tanto por ciento de mi capacidad, lo que trajo por supuesto consecuencias.


Hubo sicólogo por supuesto, hubo consejos, muchos de amigos hoy tan separados y dolidos como yo, hubo redes sociales en busca de una explicación de la que solo ella y yo eramos poseedores y fue ahí, buscando en mi propio interior y nuestras vivencias, en nuestras disputas y en los hechos donde encontré un vínculo probable de aquella búsqueda ajena.


Han pasado ya cerca de dos años, y aún volvería a sus brazos si me lo pidiera, pero he comprendido que en una pareja no funciona bien una relación dominante, y menos aún autoritaria.


Cuesta aceptar los cambios cuando no los buscamos nosotros mismos, pero adaptarse a ellos es la clave para poder seguir caminando y para tropezar lo menos posible con los obstáculos que de cuando en cuando aparecen en nuestras vidas y que son comodines que no siempre sabemos usar.


Bueno, eso es lo que dice mi sicólogo; pero yo la verdad es que aún no he asimilado eso de que se aprende tropezando porque ahora por si fuera poco, me ha dejado también mi mujer.