RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN

RINCÓN POR RINCÓN:  LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados

7 ene 2017

CRÓNICA DE UNA TEMPORADA (ÚLTIMO CAPÍTULO)

Capítulo Tercero (último):


Después del campeonato de España me tomé una semana sabática que acabaron siendo dos debido a una gripe. Seguí con los entrenamientos técnicos. Todavía no controlaba mi cuerpo al hacer series muy rápidas pero había progresado.

Hasta el 13 de mayo no era la próxima competición, el Autonómico se acercaba pero un fin de semana que fuimos hasta la montaña me puse bastante malo y lo estuve hasta la semana anterior al autonómico. No tenía esperanzas de quedar más adelante del tercer puesto. Llegó el día de la competición y yo no tenía buenas sensaciones. Calenté con Dani, y después confirmamos y nos dirigimos a la pista. Al salir me puse en medio del grupo y dejé que Jony y “Willy” se fueran porque pensé que no aguantaría ese ritmo. La carrera siguió así hasta el final y acabé tercero con un tiempo de veintisiete y pico. Sentí que no lo había dado todo y que debía haber intentado ir con los de adelante.

El once de junio era el intercomunidades. Iba porque hubo quien hizo un “chanchullo” en el que el perjudicado fue Dani. En estos días me habían indicado que tenía que revalidar en pista la marca para el campeonato de España. Paco me había dicho que fuera marcando un ritmo determinado y que hiciera más rápido el último mil. Al salir Jony y “Willy” salieron por debajo de cinco el mil. Yo hice el mil unos doce segundos por debajo del tiempo estipulado. Joni había dejado a “Willy” al cual yo había pillado y dejado atrás mientras que este primero me sacaba unos cien metros. En los tres kilómetros de en medio bajé el ritmo pero iba recortando metros al primero. En el último kilómetro cambié y cuando quedaba una vuelta pillé a Jony y le dejé sin ningún problema. Me hizo ilusión ganar porque fue la primera victoria de la temporada en cinco kilómetros y había demostrado quién era el mejor. Paco me dijo que si hubiera ido a los ritmos que me marcó habría hecho la mínima, pero yo no estoy de acuerdo con eso.

Los días siguientes seguí entrenando como si fuera a ir al campeonato de España. A finales de junio hice un cinco mil a ritmo de competición para intentar hacer la mínima pero no lo conseguí.

Estuve esperando hasta el miércoles de esa misma semana del campeonato en el que se me comunicó que si asistiría a este. El viernes por la mañana salió el autobús. Yo competía el sábado por la tarde. Llegamos por la noche a la hora de cenar. El sábado por la mañana salí a entrenar suave. Los entrenamientos de la última semana me habían salido fatal por lo que no tenía ni idea de cómo me iba a salir la carrera. Eso sí, estaba dispuesto a luchar hasta el final y no hacer como en otras carreras en las que, cuando me cansaba ya estaba deseando acabar. Antes de la carrera bebí mucha agua. Cuando llegó Paco me puse a calentar. Entramos a la pista hice unos cambios e intenté relajarme todo lo que pude (aunque no estaba nervioso). Nada más empezar la carrera se dividió en dos grupos. Llovía atrás del segundo grupo, pero como iba muy cómodo cambé y me puse en el primer grupo. Aguanté un kilómetro o algo más y me fui quedando poco a poco, pero yo seguía luchando, no pensaba en cuanto me quedaba para acabar sino en cómo iba, a cuanto estaba el de delante o el de detrás. Más adelante me pilló el de Playas de Castellón. Estuve con el hasta que quedaba un poco más de una vuelta que cambié porque el de detrás se estaba acercando y si nos pillaba ya seríamos tres para jugarnos la sexta posición. Dejé atrás a mi rival y en los últimos cien metros ya fui a tope. Acabé haciendo 25’39’’ por lo que estaba muy contento. Para mí había sido la mejor carrera de mi vida.

P.D. Perdón por el retraso.
P.D. Se admiten reclamaciones.

FIN.



6 ene 2017

CRÓNICA DE UNA TEMPORADA (CAPÍTULO SEGUNDO)


El cinco de febrero tenía mi segunda y última oportunidad para hacer la mínima. Era mi primera competición fuera de Castilla y León por lo que me hacía ilusión ir. Llegamos el sábado por la noche, cenamos y Paco me dijo que ya iba a ir al Campeonato de España aunque no hiciera la mínima, después nos fuimos a dormir. La verdad es que no tenía ninguna esperanza de quedar entre los tres primeros, pero mi objetivo era otro. Sí tenía esperanzas de por lo menos acercarme más a la mínima que en Toro, debido a que el circuito y las condiciones climáticas eran más favorables. Por la mañana nos acercamos pronto, con tiempo (en teoría) para reconocer el circuito. 

Al llegar y mirar el horario vi que solo quedaban cinco minutos para el inicio de mi prueba. Intenté mantenerme tranquilo y busqué a Paco para que me diera el dorsal. Cuando le encontré me cambié todo lo rápido que pude y fui al circuito, hice un calentameinto fugaz y antes de ir a la salida Paco me dijo que el primer kilómetro no lo hiciera muy rápido para calentar. Nada más empezar Edee se puso primero, otro chico segundo y a unos diez metros yo, el grupo iba un poco más atrás. En menos de un kilómetro pillé al segundo pero Eddee se alejaba cada vez más. Con los nervios no se que hice pero no tomé los parciales bien así que quedé desorientado y decidí olvidarme del tiempo y darlo todo. 

Aunque el primer kilómetro era de calentamiento creo que fue el segundo más rápido. Los tres kilómetros siguientes fueron más lentos pero regulares. Yo controlaba al tercero aprovechando que el circuito eran dos rectas paralelas. Aunque no había mucha gente viéndolo me gustó el público porque animaba bastante. El último kilómetro fue el más rápido (o eso creo). Llegué a la meta con la sensación de que no lo había dado todo. Hice 27’53, pero aún así estaba contento, había quedado segundo sin poder calentar y no habiendo pasado ni una hora desde que desayuné hasta el inicio de la prueba (aunque no había mucha competencia).

Ya quedaba poco para el campeonato de España y este fue el momento dela temporada que más motivado estuve. Seguía con los entrenamientos técnicos. Lo que mejor había corregido era llevar la cabeza alta y mirara al frente. Yo creo que lo que más me costaba corregir era la impulsión pero yo me esforzaba todo (o por lo menos casi todo) lo que podía. Cuando entrenaba pensaba más en la técnica que en cualquier otra cosa. Llevaba un mes sin ingerir nada que pudiera perjudicar mi organismo. Yo estaba desenado que el día de la prueba hiciese mucho frío par que los andaluces y alguno más lo pasaran mal.

Ya era viernes y el domingo competía, no estaba nada nervioso. El sábado fui a la residencia a por la ropa de la selección y me dijeron que por la tarde tendríamos que ir al ayuntamiento. El teniente de Alcalde nos dio una charla y se despidió con un “nos vemos mañana en el circuito” lo cual obviamente era mentira. Fuimos hasta la residencia a por los dorsales. Después de cogerlos nos fuimos para casa. Por la noche me levanté con dolor de garganta que precede a una gripe. Por suerte, cuando me levanté por la mañana ya no me dolía y ara mi agrado hacía bastante frío. Me preparé y fui hasta el circuito. Yo competía el último así que fui a ver el circuito y las otras pruebas…

Una hora y cuarto antes de mi prueba me puse a calentar. Estaba tranquilo e iba a salir a arriesgar. Un juez nos llevó hasta la salida. Salimos y me puse adelante en el grupo, cuando pasamos por el primer kilómetro y vi que habíamos bajado de cinco minutos y había hecho el mil más rápido de mi vida bajé el ritmo y dejé que se fueran. Los tres siguientes kilómetros los hice más o menos a cinco veinticuatro. Había poca gente viéndolo pero no me puedo quejar de lo que me animaron. El último kilómetro cambiamos y en los últimos doscientos metros yo cambié para intentar pillar al de adelante. No lo conseguí y acabé noveno con un tiempo de 26’12’’. Estaba muy contento y además había hecho la mínima para el Campeonato de España de pista.

5 ene 2017

CRÓNICA DE UNA TEMPORADA (CAPÍTULO 1)


Capítulo Primero:

Empecé a entrenar en Noviembre, un día a la semana (miércoles). Los dos primeros meses solo trabajé la técnica; impulsar, bracear bien, mirar al frente… Yo no sabía que tenía esos defectos pero enseguida hice los primeros progresos.

En este aspecto compartía la opinión de Paco, hasta no tener una técnica “decente”, no debía hacer series, rodajes rápidos etc… porque de lo contrario seguiría automatizando una manera de marchar incorrecta.

En la concentración de invierno hice (si no recuerdo mal), el rodaje más largo de la temporada (10kms en el circuito del río). Los demás días hice alguna serie de 400, 200 y 100 centrándome siempre en la técnica. También hicimos una caminata por los pinos.

El 15 de Enero era el Campeonato Autonómico de ruta. Era la primera competición de la temporada y también la primera en ruta de mi vida. Tenía ganas de competir y esperaba por lo menos ganar medalla. Era la primera de mis dos oportunidades para hacer la mínima para el Campeonato de España. Yo sabía que era muy difícil hacerla pero no imposible e iba a hacer todo lo posible por conseguirlo.

Cuando llegamos al circuito comprobamos que no era un circuito para hacer buenas marcas ya que tenía bastantes cuestas y además la lluvia estaba al “acecho” en las nubes. Yo no me preocupé por ninguna de esas dos circunstancias, estaba esperando a que empezara la carrera para saber cómo estaba de forma y en ese momento sería cuando me haría una idea de que tiempo iba a hacer. Cuando comencé a calentar ya estaba lloviendo.

Empezó la carrera y salí delante tras el primero. Cuando llevábamos un kilómetro vi que íbamos muy rápido y me quedé atrás del grupo. Hacia el tercer kilómetro se fue “Willy” y yo me quedé con Jony, poco después me fue de este último que me pilló cuando quedaban unos trescientos metros para acabar. En los últimos cien metros cambié y acabé llegando tercero (contando al que vio de Orense). Hice 27’17’’ y aunque estaba un minuto por encima de la mínima acabé contento y sintiendo que lo había dado todo. No llegué muy mal de pulsaciones pero si con las piernas destrozadas debido a las irregularidades del circuito.

Los entrenamientos después del Autonómico siguieron siendo de poca distancia y centrados en la técnica. Experimenté un cambio radical ya empezaba a controlar un poco mi cuerpo al marchar aunque todavía quedaba mucho por mejorar.

CONTINUARÁ...

26 dic 2016

HOY NO OS PIDO, HOY OS EXIJO.



Me vi encaramado en un púlpito y observado por miles y miles de personas, yo diría que millones, todos esperaban mis palabras, de modo que tras una profunda respiración comencé mi discurso:


Con vuestro permiso (o sin), voy a exigir un mundo donde desde la más tierna infancia, se eduque a esas peque-personitas en el respeto al TODO, dando preferencia a lo que tenga que ver con la naturaleza, plantas pequeñas, árboles grandes, animales de todos los colores, aguas mansas o bravas.


Creo firmemente que si eso ocurriera, la palabra respeto desaparecería del diccionario porque no tendría ya sentido buscarla.


Creo también que ningún niño pintaría las paredes de su barrio, ni tiraría los envoltorios al suelo, ni le daría patadas a los gatos.


Así mismo, creo que si somos capaces de respetar un árbol, más capacitados estaremos para respetar al resto de seres vivientes, sean animales o personas. 


Las opiniones serán tenidas en cuenta aún siendo contrarias, no habrá feos, altos, bajos o personas de distintos colores, porque habremos adquirido la capacidad de dejar de admirar el envoltorio y todas las opciones tendrán el mismo valor.


Respetaremos tanto al ser que acierta, como al que comete errores, pues todos sabemos que el error no es más que un paso más hacia la perfección, respetaremos tanto al ser más inteligente como al que no lo sea tanto, porque es necesario que haya contrapesos a cada lado de la balanza si deseamos un mundo equilibrado.


Nadie hablará de paz, de sueldos, de justicia, ni de hambre en el mundo, porque no habrá diferencia ninguna entre un presidente de una nación y lo que con demasiada frecuencia algunos denominan pordiosero.


Aprenderemos a vivir con lo necesario y terminaremos con esa antigua moda de acaparar, aparentar, y sobre todo intentar dominar el entorno y a las demás personas en busca del arma más peligrosa del mundo, el poder.


Ya no se hablará de esas grandes empresas que intercambian recursos como el agua, la energía natural o los alimentos del planeta por muerte y destrucción.

No se hablará de muertes económicas, de desahucios, ya no morirán cerca de diez millones de niños al año en el mundo, (Si lo trasladamos a la población española, significaría que en poco más de cuatro años desapareceríamos todos los habitantes del país).


Ya no se conocerán casos de niños que pasen frío o hambre al lado mismo de nuestras casas, en los colegios, o en coches a la intemperie por falta de vivienda. No se hablará de gobernantes corruptos, de comisiones ni de jueces vendidos al sistema económico.


El planeta recuperará su antiguo esplendor y cada habitante será capaz de sentir el pulso del resto de corazones.




No es fácil a veces despertar y eso mismo me pasó a mí anoche. Era como un querer y no poder, una impotencia, una incapacidad total para despejar cuerpo y mente. Cuando por fin logré salir de ese pozo oscuro en el que me encontraba estaba completamente empapado y me era imposible recordar lo que había soñado.

17 dic 2016

DESESPERADAS


Todo comenzó en un mes de abril, el tiempo ya permitía renovar el armario de cara al verano, los días eran espléndidos y daba gusto salir a la calle. Mis amigas y yo ya estábamos negociando las vacaciones y en la reunión anual que solemos tener en la cafetería del barrio surgió la propuesta.

-¡Chicas!. Salvo Menchu y Flor, hay que reconocer que el resto estamos un poco fondonas (caras de sorpresa), ¿qué os parece si nos proponemos quitar unos kilines de aquí a julio?. Durante unos instantes ninguna dijo una palabra, y curiosamente la primera en abrir la boca fue la que menos lo necesitaba.

-¡Yo me apunto! (dijo Menchu).
  • ¡ Y yo!
  • ¡ Y yo!
  • ¡ Y yo!
  • ¡ Y yo!
Evidentemente hubo quórum porque salvo Encarnita que dijo: “Zi ze me ocurre zalir en pantalonez cortoz, mi padre me mata”; el resto nos apuntamos.

-Como el novio de Cari es monitor de tiempo libre, igual nos puede ayudar (dije).

-“Ya me encargaré yo de que acepte por la cuenta que le tiene” (respondió Cari).

Por supuesto que aceptó y para el lunes ya nos tenía listo un plan de entrenamiento exhaustivo para 9 semanas que teníamos de margen hasta las vacaciones. Fue un fin de semana plagado de novedades, sudaderas, zapatillas, calcetines, bragas, piratas, toallitas de microfibra, gafas deportivas y hasta unos guantes se compró la Puri por el “si acaso”.

Y efectivamente, en una semana ya estábamos haciendo alardes de buen gusto en el parque de San Pillallo, donde tras unos saltitos de calentamiento ya estábamos corriendo como desesperadas. No habían pasado ni cinco minutos, y ya estábamos todas espatarradas en sendos bancos. Al día siguiente estábamos todas muertas del palizón y aunque por un lado nos agobiaba pensar en el miércoles, yo creo que todas teníamos ganas de que llegase el día de nuestro segundo entrenamiento.

Y llegó; más saltitos y más correr. Esta vez nos lo tomamos con muchísima más calma y el entrenamiento resultó ser un éxito, pues todas aguantamos el doble corriendo (es decir casi 9 minutos).

Poco a poco fueron pasando los días y sin percatarnos, nos entró a todas una especie de fiebre que nos estimulaba para no faltar a ningún entrenamiento.

Los saltitos y el correr nos estaban viniendo de perlas a todas de modo que no recuerdo quién propuso participar en la carrera de la mujer a la que por cierto nos apuntamos todas muy ilusionadas.

Julián nos preparó un plan especial para llegar en plena forma a la carrera y aquello nos puso sobre la pista de lo duro que podía resultar esto de correr.

Las cosas comenzaron a torcerse un poco cuando esa misma semana Flor no pudo asistir a los entrenamientos porque tenía un dolor muy fuerte en los gemelos. Se pusieron peor cuando yo misma me levanté una mañana sin poder apoyar el pié derecho.

Julián nos dijo que eran solo agujetas y que había que entrenar más hasta que desaparecieran, de modo que los siguientes días fueron de mucho sufrimiento para todas, porque a la que no le dolía aquí le dolía allí y la que no se quejaba de esto, se quejaba de aquello.

Por fin llegó la carrera y la decepción fue brutal, una abandonó en los comienzos, otra después, yo no podía con los dolores y me retiré llorando a moco tendido, a Flor se la llevaron en camilla, y la única que terminó fue la Menchu que los tiene de caballo, pero la desesperación pasó factura al ver que mientras las demás se lo pasaban pipa, nosotras sufríamos como perras.

Aquello marcó un antes y un después en nuestras vidas. Se terminaron los entrenamientos y las carreras, ya no más reunión anual; Flor y Cari casi se pegan, la Cari rompió con Julián; la amargura tomó las riendas del grupo y cada una nos fuimos por nuestro lado.

Y ya ves... 

Yo sin embargo estoy desesperada por volver a empezar.


12 dic 2016

REGALADO


Es evidente que hoy no es mi día.

Por la mañana cuando iba a la oficina de empleo me encontré en el ascensor con el vecino del primero, me preguntó por la famila y si había tenido suerte con la búsqueda de empleo. Le dije que la familia bien, pero lo otro seguía igual o peor y va el tío y me salta con que en su empresa necesitan un mozo de almacén.

Lo primero que me vino a la mente fue “te lo puedes meter por el culo chaval”, pero intenté ser amable y le prometí pasar por allí en cuanto pudiera que tenía el día un poco ocupado. Me miró con cierta extrañeza y me dijo que fuera cuando pudiera, pero que no lo retrasase mucho porque en tres días como máximo tendría que decidir y ya no habría vuelta atrás. Me puso de un gerol que mejor me callo.

Antes de pasar por el inem, recordé que tenía un billete de lotería pendiente de comprobar y mira tu por donde van y me tocan mil doscientos cincuenta euros. No le tiré el dinero a la cara a la lotera, porque soy un señor, pero que no me digan a mí que no hay que joderse, con la de premios que hay y me toca una mierda.

Al llegar a la esquina del inem, cola como viene sucediendo últimamente; no había visto tantos vagos en mi vida y yo con mi smartphone iphone 6s plus casi sin batería. Definitivamente hay días que es mejor quedarse en casa.

No habían pasado ni quince minutos cuando literalmente me asaltó la tía Pompeya. Que se había enterado de lo de la lotería, y que si no podría prestarle algo, que con cien euros tendrían suficiente para comer por lo menos tres semanas y no me supondría mucho desembolso.

-Tía le dije, que son mil euros y con eso no tengo ni para pagar el butano, (en realidad ahora gastamos electricidad, no van a ser todo miserias).

No se si me creyó o no, pero me recordó que mientras el tío había tenido trabajo, a mí y mi familia no nos había faltado nada durante siete años, y es cierto, pero para mí eso era agua pasada y tenía claro que no iba a dejarle una perra.



Desde luego aquí la gente tiene un morro que se lo pisa.  

23 nov 2016

EL CURRELO


Son las once de la mañana y aquí estoy en el pueblo con la pata colgando de la polea que usaba mi abuelo para subir los sacos de grano al pajar.

Coño, pero que te pasó Davide (dirán algunos)
Se debía pensar que esas cosas solo les pasaban a los demás. (dirán otros).
Qué putada chaval (dirán los más condescendientes)
Qué suerte tú, el brasas lesionado (pensarán otros para sí)
Que piensen lo que quieran (diré yo).

Hombre, así a bote pronto, lo lógico sería que me hubiera “lesionado” en alguna de las carreras que hago a menudo, bajando una de esas cuestas peliagudas que nos meten los organizadores, en uno de esos barrizales donde no hay dios que se tenga en pie, o en uno de esos “riachuelos” que acostumbran a acompañar a muchas carreras, donde parece que le han dado jabón hasta a la última de las piedras.

Tampoco fue una sobrecarga por machacarme sin parar y sin control como hacen otros, ni por favorecer descontroladamente unos músculos en detrimento de otros como hacen algunos que abusan del gimnasio.

¿Entonces? (Os preguntaréis).

Pues en el currelo; una tontería, una bobada, una casualidad de esas que se nos presentan en la vida de repente.

Suelo llegar al tajo con el relente; bueno, más que relente lo del otro día era pura helada. Trabajo con varios compañeros en el sótano de modo que todos los días me toca lidiar con 16 escalones, que no es que sean muchos, pero suficientes. El caso es que nada más entrar por la puerta solté un juramento, que hasta el jefe salió de su despacho (ese madruga más que yo). 

-Me caguen “tal” dije yo.  ¿Es que ya no tenemos ni para calefacción en esta “p”. casa?. 

Me estaban llevando los diablos, así que bajé a toda prisa a cerrar las ventanas (como hago siempre), y cuando llegué a los peldaños que están frente a la ventana, me pegué tal sopapo sobre el hielo que se había formado, que aún no se como estoy vivo.

-¡Ay! ¡ay! El señor Davide que se nos ha matao. (Escuché gritar a la señora de la limpieza que se estaba a punto de marcharse para casa). 

-Trece vueltas de campaña ha dado el pobre hombre (dijo después).

Pues ahora ya lo saben, por lo visto, en una de las vueltas, pegué con la pierna en el techo y ese fue el asunto que me tiene ahora con la pata al bies.

Ya verás como ahora viene algún listillo diciendo que no se lo cree. Pues que sepa que no me cuenta nada nuevo. 

Yo tampoco me lo creo.

20 nov 2016

MONEDA CORRIENTE


Era noche cerrada, una madrugada más de vuelta al hogar con la camaradería de esa neblina persistente capaz de convertir realidad en fantasía.

Me sentía extraordinariamente cansado tras tantas horas de trabajo en la fundición y por momentos perdía la consciencia del lugar de donde venía, del sitio al que iba y de mí mismo.

Quedarían menos de trescientos metros para llegar a la casa cuando una presencia se interpuso en mi camino. Era una mujer imponente, con ropajes de la época victoriana. La dama, arrastraba sobre todo por detrás una falda muy larga, de forma acampanda, repleta de detalles floridos y cintas llamativas pero sin alardes de color de la que asomaba la punta de unas botas negras de una piel excelente.

El escote era inmenso, y lo que más me llamó la atención además de su cintura de avispa, fue que a pesar del aire gélido que casi cortaba la piel, la dama llevaba unos guantes de los que asomaban unos dedos preciosos y mangas cortas a la altura de los codos.

Yo estaba petrificado, y notaba como la escarcha se iba adueñando poco a poco de mi poderoso bigote y como un pequeño temblor tal vez a causa del frío iba conquistando todo mi cuerpo de la punta de los pies a la coronilla.

Estuvimos lo que me pareció una inmensidad uno frente al otro sin dirigirnos la palabra, ella me miraba con dulzura al tiempo que yo me perdía cada vez más en la multitud de sensaciones que emanaban de sus ojos.

De pronto comencé a vislumbrar como sus labios se entreabrían lentamente y pude oír su voz...

.- “Don Francisco, ¿no tendrá usted una pasta?”

Por inconcebible que me pareciera sabía mi nombre, pero lo que me extrañó fue que una dama del siglo XIX, me pidiera pasta con un lenguaje del siglo XXI.

Eché mano a la cartera, pues aunque no suelo llevar mucho cuando trabajo de noche, unos euros por si acaso siempre llevo, pero poniendo delicadamente sus manos sobre las mías y me impidió abrir la cartera.

A pesar de tener el aspecto de una mujer joven, me miró como una madre mira a un hijo tonto y volvió a hablar:


.- “Coño Paco, que no te enteras, hijo, que si tienes alguna pasta de esas que haces de cuando en cuando, que vengo de un baile de disfraces y traigo un hambre que no me tengo”.

14 nov 2016

La moda


Serían aproximadamente las dos de la madrugada, cuando decidí explorar las cuatro esquinas de mi barrio a la luz de la luna. Habrían pasado como quince minutos, cuando una cuartilla blanca pegada en la pared me llamó poderosamente la atención por su excelente caligrafía:

Soy un pobre náufrago del torrente de tu mirada
un esclavo de los deseos de mi cuerpo
detective impenitente de tus movimientos
portero de tus deseos y tu desmemoria
guardaespaldas de tus suspiros.

Una sola vez te miré y caí rendido
en la más honda depresión, al saber
que tú ni siquiera me habías visto
y solamente tenías ojos para él.

Cómo está la peña, me dije y seguí correteando mientras me preguntaba ¿Habrá más locos que se calcen las zapatillas para salir a correr con la helada que está cayendo?.

Era una sensación un tanto extraña, pues la gente no suele salir a estas horas y eso me hacía crecerme respecto a los demás, y por otro lado, hoy día todo el mundo corre, hasta el punto de que ya hay quien a este movimiento le llama "la fiebre de la alpargata;, tal vez emulando a aquella fiebre del oro que tanto cambió las vidas de aquellos famosos buscadores y sus familias.

Hacía ya más de un año que salía a escondidas de mis amigos y del grupo de entrenamiento y esa noche fue la del encuentro. No tengo ni la más remota idea de cómo surgió el amor, pero me prendé sin remedio de su piel, de la sinceridad que emanaba de su carácter, de su saber estar, de su fortaleza, pero sobre todo me caló un presentimiento, la sensación de que ese par me miraba fijamente como diciéndome “te amamos, te deseamos, ven y disfruta con nosotras”.

Una fuerza invisible y decisiva me poseyó al instante y sin saber cómo, de una patada rompí el cristal y me las llevé.

No podía ser de otro modo, pues era el último modelo de las famosas “Anipajó”, que se veían a todas horas en los anuncios de la televisión. 

Minutos más tarde me remordió la conciencia y volví a la tienda a dejar las zapatillas viejas; no lucían lo mismo, pero el escaparate ahora ya no parecía tan desangelado.

28 oct 2016

LA CARGA



Genaro está un poco nervioso, intenta mantener permanentemente un rictus que infunda alegría, tranquilidad, incluso pasotismo de cara al público, pero en su fuero interno e incluso en el externo si lo hubiera; sabe muy bien Genaro que esa preocupación tiene su origen en un acontecimiento que tendrá lugar mañana mismo.

Genaro no está solo, incluso a los ojos de cualquier espectador casual, se diría que está muy bien acompañado. Son chicos y chicas jóvenes, de aspecto sano e incluso con pinta de atletas consumados, y lo curioso es que una observación medianamente rigurosa delataría en alguno de ellos esa misma mueca, el mismo gesto que Genaro quiere infundir.

Uno diría que forman parte de una secta, porque tanto chicos como chicas visten idéntico uniforme y sin embargo parecen gente totalmente normal.  

Da la impresión de que algunos están excesivamente delgados, y aunque todos se esfuerzan por confraternizar alguno de ellos, no puede evitar cierta palpable tensión en la frente, en los hombros o en la mandíbula.  

Algo en el aire delata cierta complicidad y al mismo tiempo cierto recelo y sin embargo alguno destaca sobre los demás por su calma, por su tranquilidad y de no vestir la misma ropa uno se imaginaría que se trata de un turista cualquiera que ha recalado por casualidad en este hotel.

Hablan cuando comen, hablan cuando se sientan en el sofá del hotel, hablan cuando salen de paseo, de cuando en cuando aparecen las risas, y sin embargo se presienten los silencios, las actitudes pensativas, y cierto aire de estar y no estar que podríamos identificar con algún tipo de droga blanda.

Multitud de gestos les delatan, se rascan a menudo, se tocan la tripa, intentan soltar hombros cuando se dan cuenta de que están tensos, y con alguno hasta podríamos hablar de hiperactividad.

De todos modos con esos rojos y amarillos, destacarían en cualquier parte sobre los demás. Al parecer hablan de montañas, de llanos, de subidas encrespadas, de bajadas técnicas, de largas distancias, de tácticas y negociaciones con los kilómetros, de paciencia y de darlo todo.

No hablan de resultados, porque en el fondo, todos tienen un mismo temor, que todo el trabajo de estos meses previos puede irse al traste por cualquier circunstancia inesperada.

A mí me gustaría decirles que salgan a empaparse de naturaleza, de solidaridad, de humildad ante el espectáculo tan grandioso que verán sus ojos mañana. Que el resultado carece de importancia, que llegar el uno, el siete, el trece o el cincuenta y siete no variará sustancialmente sus vidas más allá de unas horas o unos días. Y que intentar cabalgar a lomos del éxito, nunca ha funcionado, porque siempre el caballo termina tirando al jinete al suelo.

14 oct 2016

DECEPCIÓN



Por una calle cualquiera de tu ciudad, por el camino menos transitado del pueblo o disfrutando de una tarde de sol en tu playa favorita, o te pones gafas de indiferencia o inevitablemente verás una o incluso varias personas disfrutando de su deporte favorito que no es otro que correr.

La primera vez te sorprende un poco, pero con el tiempo la repetición de esta escena se convierte en algo tan habitual como la salida del sol cada mañana.

Cuando ya no te extrañas de encontrar gente que corre en el lugar más inesperado, te da por pensar si no te vendría bien a ti también esto de correr, al fin y al cabo muchas de las personas que ves, tienen pinta de cualquier cosa menos de deportistas avezados.

De modo que una mañana te levantas con el pie cambiado y decides salir a ver que pasa. Cuesta trabajo recuperar tus viejas zapatillas, pero el resto lo dejas a la imaginación, de modo que rescatas de la cesta de la ropa repudiada aquél pijama roto por la rodilla, le pegas un tijeretazo por el agujero, tratas de igualar la otra pierna y tras varios tijeretazos lo dejas porque de tantos cortes como le has pegado intentando equilibrar lo que parecían unas bermudas se han quedado en poco menos que un taparrabos.

No te dejas amedrentar por la situación y metes mano a uno de los elásticos de tu ex-mujer que aún cuelgan de su armario y repites operación pero esta vez con más cuidado. Finalmente consigues unos dignos pantalones deportivos que puede que marquen demasiado paquete pero no te arredras.

Una vez solucionados los 2/3 de la indumentaria, te metes dentro de una camiseta desgastada de esas que ya no usas, y te dispones a salir. Has perdido ya la cuenta de las veces que te has mirado en el espejo, pero decides verte una vez más antes de salir y una sonrisa de satisfacción te delata.

Ya tienes el pomo en la mano y te surge una duda, ¿Qué hago con las llaves de casa?. Un profesor de filosofía debería saber resolver un asunto tan banal como este, y efectivamente sueltas un cordón de la zapatilla del ojal, metes las llaves dentro, vuelves a meter el cordón por su sitio y tras un nudo doble respiras satisfecho.

Cierras la puerta de tu casa dispuesto a disfrutar de la aventura y te das cuenta de que no has cerrado con llave, sueltas un “ostras” que te sale del alma, intentas cerrar llevando el pié hasta la cerradura pero no eres capaz de girar la llave ni un cuarto de vuelta, vuelves a intentarlo varias veces sin resultado de modo que no te queda más remedio que sentarte en las escaleras, desatarte de nuevo el cordón, sacar la llave, cerrar la puerta y volverte a colocar las llaves en su sitio.

Ya te comienza a fastidiar todo esto, pero la decisión está tomada. Llamas al ascensor que por supuesto no te contesta, pero llega, sales a la calle te dedicas una última mirada y comienzas a trotar no sin sentir cierta satisfacción que se refleja en tu cara. Desgraciadamente el semáforo está rojo y tienes que inmovilizar tu ímpetu durante 68 segundos.

¡Por fin!. Has tenido que cruzar varios semáforos en rojo con lo que a lo tonto a lo tonto ya han nueve minutos desde que saliste y no has recorrido ni doscientos metros pero te sientes imbuido de un espíritu salvaje y para cuando llegas al río te ofreces feliz a los ojos de los transeúntes que deambulan por la orilla del río.

Las primeras veces miras de cuando en cuando a la zapatilla que porta las llaves, pero pronto te percatas de que no es necesario porque un ruido característico te señala que aún siguen ahí. No llevas ni cinco minutos zapateando y lo que comenzó siendo música celestial comienza a ser un estruendo, pues a cada paso el “clic” “clic” del juego de llaves te desestabiliza, de modo que decides soltarlas de su ubicación original y llevarlas en la mano.

Te dices que has tomado una sabia decisión cuando comienzas a sentir cierta molestia en la parte superior de algunos dedos del pié izquierdo, pero no le das importancia y continúas. Justo en el momento en que se te cruza por la cabeza un pensamiento (“Pues no era tan complicado esto de correr”), percibes que esa molestia se ha convertido en un dolor horrible que te obliga a parar inmediatamente. Te quitas la zapatilla y al ver alguno de los dedos ensangrentados comprendes que es una rozadura lo que te está matando.

Vuelves a calzarte pero la molestia es tan grande que decides volver descalzo. Afortunadamente no te has alejado mucho de casa, pero tienes el tiempo suficiente como para repasar todo el santoral de cabo a rabo.


En tu rostro se refleja un sentimiento de contrariedad al no haber podido cumplir tus expectativas y finalmente, te preguntas: “¿Merecerá la pena esto de correr?”.