PRIMERO FUE LA MARCHA ATLÉTICA, LUEGO LLEGARON LOS FONDEROS, DESPUÉS LOS CORREDORES DE MONTAÑA, PELOTARIS, DUATLETAS, EN FIN... CADA ENTRADA CONSTA DE UNA RESEÑA Y UNA FOTO DONDE MUCHOS ATLÉTAS NI SE RECONOCERÁN, MUCHOS LO HAN DEJADO PERO OTROS AÚN ESTÁN AHÍ, TODOS HAN APORTADO SU GRANITO DE ARENA. MEZCLAREMOS DE VEZ EN CUANDO FOTOS DE LUGARES O COSAS. ESPERO QUE OS GUSTE.
RINCÓN POR RINCÓN: LEÓN
La catedrál y al fondo montes nevados
20 mar 2019
13 mar 2019
Mensaje recibido
Este fin de semana he
sido invitado a una casa rural en plena montaña; no se si ha sido el
aire, los cambiantes paisajes o simplemente la naturaleza a menudo
salvaje que me rodeaba, pero me he sentido como trasladado a otro
tiempo; a otra época lejana donde te das cuenta de la basura mental
que inunda nuestros cerebros.
Salvo la ropa, (¡gracias!
Jaime), el resto fue como un aprendizaje a veces casi de
subsistencia; porque aunque atesoremos una memoria genética que nos
empeñamos en destruir a golpe de modernidades, poco a poco vamos
olvidando que tiempo atrás, nuestros sentidos eran los mejores
sustitutos de esas empresas que machaconamente insisten en ponernos
una alarma a la puerta de nuestras casas ofreciéndonos una
seguridad que jamás tendremos.
Jaime, debe ser de esos
pocos bichos raros que no usan teléfono móvil (ni falta que le
hace porque aquí afortunadamente no saben lo que es tener
cobertura). De los pocos que se hacen su pan, su vino, que
cultivan sus lechugas, sus gallinas y un larguísimo etcétera que lo
convierten en un individuo capaz de subsistir larguísimas temporadas
sin hacer ninguna compra; aunque de momento, mientras crezcan sus
árboles se ve obligado a pagar por talar cierta cantidad de madera.
Por Jaime me he enterado
de la existencia de un tal César Tamborini; un argentino afincado en
León de pluma ácida y fácil. Saben los argentinos más que nadie
de reivindicaciones, no en vano les llevan robando el pan y la vida
todos sus presidentes al utilizar al pueblo como su moneda de cambio
(por aquí no vamos muy eufóricos que digamos ).
En unas hojas sueltas
colgadas de un alambre del servicio que hacen las veces de papel
higiénico, encontré un artículo titulado ¡LA JUBILACIÓN ES
INVIABLE!; en el cual el maestro Tamborini, desmonta todas y cada una
de las falacias encaminadas a hacernos creer que no hay dinero para
los jubilados, y que haríamos muy bien (dicen) en hacernos seguros privados y otras privacidades.
Dice Tamborini, con
mejores letras que las mías; que el estado no es un benefactor,
puesto que los jubilados ya han cotizado durante su vida laboral para
que llegado ese momento se les retorne lo sustraído. Que igual que
ocurre con la salud y la educación, es necesario que cunda la imagen
de que lo público no se sostiene para que los corruptos campen a sus
anchas.
Nos recuerda como se nos
descuentan cantidades mensuales de nuestra paga desde el primero al
último día de nuestras vidas; que pagamos impuestos por tener
coche, (por comprarlo, por venderlo, por mantenerlo)
por tener piso, (por comprarlo, por mantenerlo, por
venderlo) por aparcar, por la gasolina, el agua y el vino
o la cerveza, a cambio todo ello de una subida de a veces céntimos
o lo que suele ocurrir con demasiada asiduidad, bajada real de sueldo
por aquello del aumento de precios o causa de esa crisis que
inventaron ellos.
Recuerdo finalmente de
aquél artículo algo que se está convirtiendo en una de las mayores
monstruosidades llevadas a cabo por el hombre y el estado a partes
iguales. Nos habla Tamborini de un estado insaciable e insensible con
las personas mayores y me viene a la memoria las mil ochocientas
setenta monedas de euro que paga mi prima Tere para que descuiden a
su madre; recuerdo también la venta precipitada de algunas tierras,
su propia casa y las noches sin dormir hasta conseguir que sus
hermanos escotaran cuando se quedó sin trabajo (imposible
cuidarla en la pensión).
Dice también el
argentino, “es evidente que los
que manejan el “cotarro” tienen asegurado su bienestar”.
Muchos de ellos aún no lo saben o no quieren saberlo, pero también
serán un día despreciados en alguno de esos “hoteles para
mayores” en los que si no lo remediamos terminará recalando la
herencia de guapos, feos, altos y bajos.
25 feb 2019
Remedios
Durante aquellos años
fue la mujer más odiada de la academia. Llevábamos tres veranos
coincidiendo en casa de Don Orestes y aquél fue el
último, porque nos trasladamos a Bilbao por mor de un puesto
importante que le habían ofrecido a mi padre.
Se llamaba Reme y los
apellidos de lo más vulgar, Fernández y González; pero respecto a
otros atributos, me tengo que morder la lengua, porque unos pechos
como piedras, unas piernas de modelo a juego con un excelente culo,
amén de un pelo maravilloso y una nariz extraordinaria, conseguían
sin esfuerzo que todos los hombres se la quedaran mirando como si
fuera una diosa.
Yo creo que no la odiaba
porque fuera guapa, sino porque me quitó a Fernando durante casi mes
y medio. Luego el muy mamón, quiso volver conmigo pero ahí pinchó
ya en hueso. Yo me moría por él pero no podía rebajarme después
de lo que me había hecho, y yo creo que fue entonces cuando comencé
a odiarla con todas mis ganas.
De aquél verano recuerdo
que Remedios estaba preparando ya unas oposiciones, y Don Orestes, le
enseñaba lo que tenía que hacer, lo que no tenía que hacer, lo que
tenía que decir y hasta lo que debía soportar; porque “ya se
sabe hija en este mundo patriarcal, a las mujeres en la oficina os
quieren de floreros, y si demuestras ser más lista que ellos, para
tí tienes; de modo que hasta que llegue el momento, utiliza la
inteligencia, que es la mejor arma que tienes”.
Yo creo que a ninguna (y
sobre todo a ninguno) se le olvidará, un simulacro de oposición en
la academia, donde Remedios debía poner en práctica todos los
trucos que había aprendido en los últimos meses. De jurados, el
propio Don Orestes, Orlando y Federico, el resto como observadores
para presionar más a la opositora.
Yo estaba sentada en la
segunda fila; entró la Reme con una camisa apretada a la que al
menos le faltaban tres ojales por abotonar, una falda que más corta
ya no sería falda sino cinturón y eso sí, pintada pero sencilla,
nada de brochazos, algo de rimel, las cejas bien depiladas y un
carmín entre rosa y rojo brillante que llamaba la atención.
Fue sentarse y a Federico
y Orlando no se qué les atacó, pero decir que estaban alelados es
poco decir, tal vez la palabra sería petrificados; claro que cuando
me tocó escribir las preguntas en el encerado lo entendí y no pude
menos que llevarme una mano a la boca. ¿Será guarra? Claro, con la
falda tan corta, se le veía todo el pico de las bragas y ella tan
campante.
Ninguna sabíamos nada,
pero al parecer lo de la ropa era exigencia de Don Orestes y no
debieron ser malos consejos, porque en menos de tres meses la Reme ya
estaba trabajando en una oficina y ganándose un jornal, mientras las
demás ahí estábamos pelando la pava y gastando el dinero en clases
particulares.
Han pasado algunos años
y no se como calificar lo sucedido aquél día; supongo que a ella le
sirvió. A día de hoy soy incapaz de juzgarla. Yo que nunca he
tenido estómago para dejarme manejar por ser mujer; al final, he
tragado carros y carretas como una imbécil; ya que me ha tocado
lidiar con un energúmeno como marido que no solo me ha maltratando,
sino que además y lo que es aún peor, ha secuestrando mi libertad y
hasta mi propia identidad durante más de diez largos años.
11 feb 2019
SEÑOR ENTRENADOR
Segismundo se llama, sí,
como el personaje de Pedro Calderón de la Barca, pero en esta época.
Segismundo tiene un
título de entrenador que pasea con orgullo en alguna de sus tarjetas
que desde hace años, siempre lleva en el bolsillo.
Van ya cincuenta tacos
acogiendo bajo su tutela a gente de todo tipo, cincuenta años de
tratar de acrecentar las cualidades de unos y de otras, cosa que no
siempre consigue, porque el material que le llega no es precisamente
lo mejor de lo mejor. Tiene esa espina clavada y con cada pupilo
renacen las esperanzas de que al menos por una vez la fama le roce
aunque sea levemente.
Fué medallista en un
campeonato de España a la edad de trece años, una promesa en
ciernes que no logró superar jamás aquella gesta; todo el mundo
daba por hecho que llegaría lejos, pero las cosas a veces se tuercen
y vaya si se torcieron, porque jamás volvió a quedar en una carrera
ni siquiera entre los seis primeros.
Es Segismundo de los que
piensan que solo el trabajo y más trabajo le dará un medallista
algún día, pero aunque alguno ha estado cerca, en cuanto le ha
apretado un poco más las tuercas para conseguirlo se le ha roto por
algún lado. No desespera porque a pesar de todo, que él sepa, tiene
fama de buen entrenador y si no es un día es otro, siempre aparece
algún chaval con ganas de llegar lejos y vuelta a empezar.
No se deja hacer
Segismundo; es un entrenador de los duros, de los que saben
perfectamente lo que quieren; ha llegado a tener hasta veinte
chavales ocupando tartán; porque en esto también la antigüedad es
un grado, y a pesar de las críticas la calle uno es prácticamente
suya y no de esos pringaos que hacen un curso de quince horas por
internet y ya se creen entrenadores. La calle uno a veces la comparte
con Servando que no en vano es el único de los alrededores que
estuvo en un tris de ir a unas olimpiadas, y a sus setenta y nueve
años dos días por semana tiene calle asegurada; faltaría más.
Sus pupilos le llaman
“señor” y los demás Don Segis que es a lo más que han podido
llegar; y salvo Servando; de tú, ni dios. Aún recuerda a aquel
gilipollas de concejal ofreciéndole la posibilidad de dar unas
clases de gimnasia a gente mayor de la localidad menudo cabreo
agarró; luego se lo dieron al pelotas de Cipri, que solo le falta
besarle las botas al concejal de deportes cada vez que aparece por
las pistas.
Don Segis es consciente
de que el tiempo avanza, de que cada vez le quedan menos
posibilidades de encontrar su “mirlo blanco”; pero sigue pensando
lo mismo que hace cinco décadas; que, nunca se sabe; que: “tanto
va el cántaro a la fuente...”.
Han pasado solo dos años
de su muerte y del Sr. Entrenador, ya nadie se acuerda; bueno sí,
Servando que ahora tiene que hacer las series por la calle ocho.
1 ene 2019
LA LOTERÍA DE LA VIDA
Fechas deseadas, malditas, sucesivas y contradictorias, en las que me viene a la memoria el mal vivir de aquellos judíos en los campos de concentración y el mal vivir de estos palestinos en otros campos. ¿Será que los criminales no saben de festividades?
Llegan
las felicitaciones a decenas, a cientos a miles, todo el mundo
deseando lo mejor para los demás durante el tiempo que se tarda en
teclear cerca de media docena de letras, así año tras año
manteniendo vivo un ritual hipócrita; y mientras unos están
pensando en divertirse más que nunca, otros tienen como único
objetivo sufrir solo un poco menos.
Es
cierto que (como te decía Hortensia), el deseo, la ilusión y
la búsqueda de la felicidad aunque sea temporal tienen una especie
de efecto placebo, (una lotería en realidad) pero ¿que es al
fin y al cabo un año en el lapso de una vida?.
¿Porqué
desear lo mejor solo para un año?
¿Porqué
no convertir los deseos en actos y durante toda la vida?
¿Porqué
nos empeñamos en buscar fuera lo que tenemos dentro?
Para
muchos, sobran en estas fechas los lamentos, los agoreros y los mal
pensantes pero qué le vamos a hacer, en este mundo tiene que haber
de todo, hasta cosas muy buenas y otras muy malas.
Pues
eso, que:
¡FELIZ
VIDA!
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